El pulque vive…!

José Luis Avendaño C.

Septiembre es el mes de la Patria. Pero no nació con el Grito, el día 16 de 1810, ni con la consumación, el día 27 de 1821. Sus raíces vienen de las antiguas culturas, asentadas aquí desde hace miles de años. Origen del maíz… y del pulque, bebida de los antiguos mexicanos.

Hace unos días, en el Centro Histórico, escuchamos  una plática sobre el pulque, acompañado, naturalmente, por unos vasos del néctar de la diosa Mayahuel. De gran alimento, se le daba a las mujeres que estaban criando, para aumentar su producción de leche.

Como el amaranto, el pulque fue prohibido durante la Colonia, que se consumió de manera clandestina. Asociado a lasclases bajas, su consumo fue satanizado, al mismo tiempo que se erigía lo que llamó una aristocracia pulquera, alrededor de las haciendas de Tlaxcala, Puebla y el Estado de México. Es célebre la fotografía en color sepia de un trío de tres, en las afueras de una pulquería, levantando sendos tarros.

En la ilustre y mefítica –diría Jermán Argueta— Ciudad de México llegó a haber más de 30 mil pulquerías (a la vuelta de mi casa había una, adonde iban mis bisabuelos por su dotación diaria). Hoy, sobreviven unas cuantas, pero algunas le mezclan bicarbonato. Sucesivamente, le han hecho la guerra los productores de cerveza y refrescos. Entre los jóvenes se ha vuelto popular, a través de los curados, en el realidad son mezclas, algunas bastante extrañas.

Para terminar, tres lugares donde se puede beber buen pulque: 1) Salón Casino, Isabel la Católica esquina Lorenzo Booturini, Colonia Obrera (metro San Antonio Abad), de lunes a domingo, de 11 a 20 horas; 2) Bella Carolina. Nicolás Bravo casi esquina Eje Morelos (cerca metro Jamaica), todos los días de 13 a 21 horas; 3) Pulke Tepito. Av. Del Trabajo esquina Manuel Doblado, miércoles, viernes, sábado y domingo, de 10 a 17 horas.

Salucita y ¡Viva Mexiko!

 

Gritos libertarios

José Luis Avendaño C.

“La libertad es la libertad de aquel que piensa diferente”.

Rosa Luxemburgo

 

En la madrugada del 16 de septiembre de 1810 (y no en la noche del día 15, que don Porfirio cambió, a capricho, para celebrar su santo), Miguel Hidalgo dio el grito de Independencia. De la dominación por intervención a la dominación por inversión.  El 2 de octubre de 1968, otro cura, éste del templo de Santiago Tlatelolco, cerró sus puertas a los estudiantes, recordó Cruz Mejía, el pasado 2 de septiembre, en el homenaje a José de Molina.

Estudiantes, que desde finales del mes de julio de ese año, venían pidiendo la democratización de instituciones de un régimen autoritario y represivo. Cincuenta años después, el día 3, nada menos que en la explanada de Rectoría, en Ciudad Universitaria (CU), estudiantes que se manifestaban pacíficamente, fueron agredidos, impunemente, por un grupo identificado de porros.

En vísperas de la conmemoración del 2 de Octubre, pero, también, del cuarto aniversario, el próximo 26 de Septiembre, de la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, Guerrero, que iban, precisamente, camino a la ciudad de México, al acto por el 2 de Octubre, a los que, literalmente, se los tragó la tierra.   

Aunque, entre las dos fechas medie medio siglo, el propio Estado se ha encargado de enlazarlos a través del expediente de la represión. Una represión, si se quiere, selectiva, pero represión al fin, contra un sector determinado de la población, que resulta ser crítico y contestatariorespondón, pues.

En medio de un clima de violencia que no cesa y que sigue cobrando víctimas, que se quieren esconder debajo del tapete, con el fin de dar la imagen (más hacia fuera) de un país con estabilidad, a fin de atraer capital, que expulsa trabajo. Nuestra carta de presentación: la estabilidad de las variables macroeconómicas, aunque otras variables que tienen que ver con el bienestar de la gran mayoría de la población se agudicen, y nos confirmen la desigualdad  que nos caracteriza (Humboldt dixit). El resultado es un tejido social deshilachado.

Lo anterior, entre la confusión creada en torno a esta larga transición de cinco meses entre el día de la elección y el de la toma de posesión presidencial, que no se presentó ni siquiera en el año 2000, cuando se dio la alternancia entre el PRI y el PAN, con la continuidad del modelo económico, que data de diciembre de 1982. Confusión que se acentúa al confundir la toma de gobierno con la toma de poder.

Un gobierno que no acaba de irse, pero que al parecer ya tiró la toalla, y otro que aún no tiene todas las riendas. Gobierno por venir, que genera grandes expectativas entre la gran mayoría, víctima del modelo neoliberal que ya dura seis sexenios, uno de cuyos objetivos ha sido la privatización del Estado.

La prueba de fuego del nuevo gobierno es la reforma educativa, a todos los niveles, hasta el universitario. No únicamente en contenidos y cobertura. Que cumpla dependerá no sólo de su capacidad y voluntad política, sino también de la necesaria fuerza social que lo respalde, a fin de desmantelar los efectos socialmente nocivos del modelo neoliberal y no sólo de los pocos beneficiarios de ese modelo excluyente y depredador.

Aquí quiero recordar dos hechos de Javier Barros Sierra, de hace cincuenta años: 1) en la mañana del 30 de julio de 1968, después de que en la madrugada elementos del Ejército entraran a CU, izó en la explanada de Rectoría la bandera nacional, en defensa de la autonomía y de las libertades de pensamiento y expresión; 2) en abril de 1970, casi al concluir su gestión como Rector de la UNAM, en una entrega de diplomas a estudiantes de la Facultad de Arquitectura, terminó su discurso, exclamando: “¡Viva la discrepancia!

El próximo año se cumplirán cien años de los asesinatos de Mi General Zapata (Tierra y Libertad) y de Rosa La Roja(Reforma o Revolución) Otros gritos, pertinentes hoy día.

 

68 ayer y hoy

 *Puesta en escena de El Llanero Solitito dentro de la Muestra de Teatro de la Ciudad de México

José Luis Avendaño C.

Así como Calderón de la Barca hizo decir a uno de sus personajes: la vida es sueño, de igual manera puede decirse que la vida es teatro. A lo largo de la vida, siempre estamos queriendo, con desigual fortuna, representar otras vidas. O mostrar, creemos, nuestra mejor cara. Los actores lo hacen de una manera profesional.

Ya sea en un escenario formal o en calles y plazas, siempre habrá algo digno de representarse. En inglés –el idioma de Shakespeare— una puesta en escena significa play, juego. Y esto es, precisamente, la esencia del teatro: un juego. En la Europa del Renacimiento,  fueron tradicionales los bailes de máscaras, en la que, además de ocultar el rostro, que se volvía un misterio para el otro, se buscaba ser otro.

El teatro, por definición, es un acto social. Sólo adquiere valor frente al público. Aun el dramaturgo, quien escribe la obra, se socializa al verla representada. Así, lo que es un acto solitario –la escritura—, se vuelve comunitario. Del poder teatral, Wendell Phillips, uno de los más populares oradores antiesclavistas en Estados Unidos, a mediados del siglo XIX, “consideraba que los teatros sacaban a flote los sentimientos de los hombres mejor que las iglesias o los colegios”, según Raya Dunayevskaya, exponente del marxismo crítico.

Que sirva todo lo anterior para anunciar la Muestra de Teatro de la Ciudad de México 2018. Teatro Comunitario, que se realizará del 25 de julio al 5 de agosto, en distintos escenarios de la capital.

Ya es común decir que hay un antes y después del 68. Lo mismo en París, Berlín, Praga y Berkeley (California). Sus ecos libertarios resuenan 50 años después. En México, son innumerables los testimonios y documentos –narrados, escritos, pintados, fotografiados, escenificados— que capturan ese momento definitorio de toda una época.

El jueves 26, a las 20 horas, en el hoy centenario Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, se presenta El 68 ayer y hoy, bajo dirección de Luis Cisneros Luján, con la actuación de Enrique Cisneros Luján, quien es también autor de la pieza teatral, donde habla también al Mayo francés. Una fecha emblemática, la del 26 de julio, fue es cuando se inició la revuelta estudiantil popular.

Animador del Centro Libre de Experimentación Teatral y Artística (CLETA), el que es mejor conocido como El Llanero Solitito será objeto de un reconocimiento dentro de la Muestra, que “no homenaje”, por más de 40 años de actividad artística.

Valga el recuerdo, cuando a principios de la década de los 70,  cuando salía de clases y en la explanada de la Rectoría, en CU, a un personaje solitario, solitito, finalmente solidario, con sus monólogos con la intención de crear conciencia. Lo mismo en el Foro Isabelino que en la Casa del Lago. No se diga en el Palacio de Bellas Artes… bueno, afuerita.      

Toda la programación de la Muestra de Teatro de la Ciudad de México 2018 se puede consultar en www.cultura.cdmxgob.mx

 

Después del voto, la lucha sigue

José Luis Avendaño C.

“Es peligroso tener razón cuando

el Gobierno está equivocado.” Voltaire

 

La democracia no se agota en el voto, en lo electoral. Más, cuando el aparato del Estado, que se supone representa todo el cuerpo social, está privatizado, en beneficio de unos cuantos. Sin embargo, se lo pelean y disputan tirios y troyanos. Así, a medida que se acercan en México las elecciones del 1 de julio, la percepción pública, medida por las encuestas, pudiera, ahora sí, volverse realidad: Andrés Manuel López Obrador presidente.

No hay encuesta que se respete (y aun la que no) que no lo ponga en primer lugar. No hay forma de bajarlo de ese pedestal. Después de dos intentos anteriores, bajo la sombra del fraude, ¿la tercera es la vencida? Los mercados parecen vislumbrar su victoria y se aprestan a acomodarse. Su programa dista de ser un peligro.

La que no se resigna, y da  pataletas de ahogado, es una facción conservadora revestida de liberal, que pontifica desde los grandes medios. Su mejor argumento es Venezuela. El petate del muerto. En todo caso, hacen un doble llamado: al voto útil, es decir, votar por quien vaya en segundo lugar en las encuestas, y hacer un voto diferenciado, o sea, no darle todo el poder al presidente, con una holgada mayoría legislativa, y se vea, así, obligado a negociar. Primero, que no llegue, y que si lo hace, no se convierta en dictador.

La alianza del partido de AMLO, Morena (Movimiento de Regeneración Nacional) con el derechista Partido Encuentro Social (PES) y su acercamiento con un sector de la clase empresarial (la misma dirigente de Morena fue una representante de un sector), auguran que la gestión de López Obrador no sería tan radical (sólo en las formas), sino pragmática.

Se acusa al político tabasqueño de populista y autoritario. Extraño que la diatriba provenga del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que desde nacimiento, en 1929 como Partido Nacional Revolucionario (PNR), ha sido populista y autoritario. En todo caso, el político tabasqueño viene, como la gran mayoría de la clase política mexicana, de esa matriz y hechura. Hay populismos, tanto de derecha como de izquierda.

No existe político que, con tal de ser un ganador, no invoque al pueblo, que en el lenguaje postmoderno, y para que suene más sofisticado, es denominado sociedad o ciudadanía. Se elimina su connotación vulgar, precisamente, popular. Y es que, todavía, existen diferencias sociales, clases sociales, ¡chingá! En este sentido, ya no hay partidos de clase, concepto que asusta a muchos. Y de la lucha de clases, ¡ni hablar!

Hoy, en México y en muchas partes del mundo, ya no existen partidos clasistas. Aun los partidos que se proclaman de izquierda, se corren hacia el centro, para no infundir miedo, que para efectos prácticos, es coquetear con la derecha. Y así vemos que, dentro de estas instituciones políticas, elevadas a la categoría de servicio  hay, como se dice por aquí, de chile, de dulce y de manteca.

Si, además, hacen alianzas o se coaligan, a la hora de repartirse el pastel (las carteras y el presupuesto), ya no digamos gobernar, cual fracción (facción) o agenda –aún con mayoría parlamentaria— va a ser la dominante. La lista de temas o asuntos, a transformarse en políticas, es interminable. Sin contar, al momento de la negociación, los poderes fácticos ni el factor externo, que para nuestro caso son los Estados Unidos trumpianos.

En todos los tonos, ahora más que nunca, desde las tribunas de los candidatos hasta el púlpito clerical/mediático, se llama al voto razonado. Curiosamente, cuando el voto será, sobretodo emocional: se votará (se elegirá como cualquier quitamanchas) con el corazón, el hígado y las tripas.

El candidato de Morena está lejos de ser, si alguna vez lo fue, un peligro para México. Desde los últimos seis sexenios, somos sobrevivientes del peligro. Luego de doce años, su discurso, moderado y conciliador, posee el signo de paz y amor. ¿Será suficiente para enfrentar el hartazgo y escepticismo?

Carlos Montemayor, al abordar el asunto de Díaz Ordaz y la masacre del 2 de Octubre, se refiere brevemente al clima de terror electoral que vivió México en 2006, durante el primer intento de López Obrador por alcanzar la presidencia, cuando “la técnica de manipulación, financiamiento, el esquema de socavamiento mediático, era una práctica desarrollada por los gobiernos de Estados Unidos en Chile y otros países del orbe.”

El opúsculo de Montemayor (1947-2010) fue presentado el 15 de junio a propósito del cumpleaños 71 (el 17 de junio) del escritor chihuahuense, y que fue editado por el Colectivo Memoria en Movimiento. Brigadistas Politécnicos del 68 (México. 2018) en el marco del 50 aniversario del movimiento de 1968. Forma parte, a su vez, del volumen La violencia del Estado en México, antes y después de 1968, que se publicó en febrero de 2010, días antes de su muerte.

En Elegía de Tlatelolco (1968), que se incluye en la parte final del texto, Montemayor habla de que “germinará en la sangre la flor de la desconfianza”.

Ya veremos, en unos cuantos días más, qué puede esperarse. Y para no desesperarse y ocuparse, más que preocuparse, habrá que apelar a la organización desde abajo y a la dialéctica resistencia/lucha. Por eso adelanto mi voto por María de Jesús Patricio, Marichuy, vocera del Concejo Nacional Indígena, que bajo las leyes del sistema quiso  ser candidata independiente.

Como la vida misma, la lucha sigue.

 

 

Tarea por venir

José Luis Avendaño C.

No se acabó el mundo, ni se desplomó el cielo Ni siquiera se asomó el tigre, ni mucho menos se nos apareció el diablo. La catástrofe que se vaticinaba para México, no sucedió. El peso aguantó. Andrés Manuel López Obrador (AMLO) será presidente, luego de tres intentos. Aunque existen muchos decepcionados y recelosos, luego de dos sexenios de inseguridad y violencia, dejó de ser, para otros muchos, un peligro para México. Pero, igualmente, desapareció la mafia del poder.

Previamente, habrá una larga fase de transición, en la se destacan la lenta agonía del presidente en funciones, envuelto en escándalos de corrupción, y el ascenso de la estrella del próximo mandatario, al que ya se le cuestiona por tener casi poder absoluto y, por ende, autoritario. Mientras tanto, estos cinco meses serán tiempo suficiente para que empape de las prioridades del país y que ajuste su equipo con el que comenzará a gobernar, a partir del 1de diciembre.  

Como cada seis años, en el que el país parece reinventarse, también se renueva la esperanza de un país mejor para todos. Algunos analistas hablan de un cambio de régimen, a partir de la debacle electoral priista y la declaración sobre el combate a la corrupción y su contraparte, la impunidad. Quedan, sin embargo, los usos y costumbres. Si se quiere reactivar el mercado interno –poniendo a la par el crecimiento junto a la estabilidad— es necesario romper con el esquema neoliberal, dominante desde diciembre de 1982.

Los opositores ya anunciaron que vigilarán con lupa los dichos y los actos del presidente, al que no le perdonan que les haya arrebatado el gobierno. En escasos tres días, ya se reunió con Enrique Peña Nieto y con la cúpula empresarial. El objetivo inmediato es que no se disloquen los mercados o fundamentales de la macroeconomía, que tanto ha beneficiado a unos cuantos, como se observa con la reconcentración de la riqueza y la desigualdad social, también formas de violencia.

En su discurso del Zócalo capitalino, desempolvó una añeja frase: Primero los pobres, lo que significaría darle un giro de 180 grados al modelo económico excluyente. Tan sólo un punto de una larga lista de pendientes, pero que es determinante para avanzar en un programa incluyente, como se infiere en la reactivación del   mercado interno. Acordó, con los empresarios, garantizar a dos millones 600 mil jóvenes su derecho al estudio y al trabajo, con una inversión de 110 mil millones de pesos. El propio López Obrador afirmó que Jóvenes construyendo el futuro “es el programa que más nos identifica.”

Lo anterior implica tocar la llamada Reforma Educativa (RE), impulsada, precisamente, por la cúpula empresarial. Aunque se suscribió al calor del Pacto por México (2012), los objetivos de la RE vienen desde que Carlos Salinas era presidente (1988-1994) y Ernesto Zedillo, secretario de Educación. Apareció el concepto fetiche: la educación de calidad, con la que se busca preparar, para la producción y el consumo, vía competencias del  capital humano.

Bajo la tesis: evaluar para mejorar, con Elba Esther Gordillo, a la impuso Salinas al frente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), se desplegó un nuevo modelo educativo ad hoc. Nació el binomio calidad-eficiencia, éste último término para el sector magisterial. Se trata de la privatización del proceso de enseñanza-aprendizaje, que conduce al adiestramiento de la mercancía fuerza de trabajo y desemboca la formación de personas individualistas, obedientes y acríticas, funcionales al neoliberalismo.

Contra ello se levanta la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), donde “los maestros se saben educadores de oprimidos y luchan por mejorar la condición de sus estudiantes en las aulas, en sus casas y en la vida. Luchan por una educación que dignifique al de abajo, de dónde venimos los maestros; hijos de campesinos, y obreros, descendientes de indígenas; el maestro sabe de la pobreza”, dice Itzel Jacobo Saldaña en el libro colectivo: 1968-2018. 50 años de represión, despojo y resistencia (Ediciones Quinto Sol. México. 2018); libro dedicado a María de Jesús Patricio, vocera del Concejo Nacional Indígena y frustrada candidata independiente a la presidencia.    

El domingo 1 de julio, apenas se le arrancó una pluma al pajarraco neoliberal.

 

 

Tambores de guerra

Si es verdad que, como dijo Clausewitz, “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, entonces habría que preguntarse si una guerra comercial –desde la imposición arancelaria hasta una recomposición de los mercados, pasando por las devaluaciones— es el preludio de un despliegue militar. En todo caso, estamos en un campo minado.

Por allí anda un negociante, un aprendiz (como se llamaba su programa de televisión) de político, metido a presidente, que despliega, sin rubor, sus cartas. Su filosofía: ante el poderoso, la negociación; frente al débil y sumiso, la imposición por el miedo. Todo, con el propósito de hacer a Estados Unidos, con agujeros en su hegemonía, grande de nuevo. El secretario de Comercio, Wilbur Ross, hace de la fortaleza económica parte de la seguridad nacional de Estados Unidos.

Desde el principio, Donald Trump metió a México dentro de su agenda, primero, de campaña, como candidato republicano, y después, de gobierno. Nos ha tomado de punching bag, para enfrentarse a otros países de mayor peso, como Rusia y China. Y su obsesión de que sin muro fronterizo no hay Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

El mes de mayo era, cuando, con cierto optimismo de nuestro lado, se pensó que la renegociación del TLCAN sería un hecho. Sobre todo, de cara a las próximas elecciones en México. Pero, se nos olvidó que Trump anda en su propia campaña, frente a las elecciones legislativas, intermedias, a realizarse en Estados Unidos en noviembre próximo, y que son determinantes para su reelección en 2020. Un guiño a los electores de los estados industriales, donde EU ha perdido competitividad.

Y en el último día de ese mes, nos llegó la noticia, desde Washington, de que Estados Unidos impondrá a México, Canadá y la Unión Europea, un arancel de 10 por ciento de sus compras de aluminio y de 25 por ciento de las de acero, con el fin de proteger a su industria, lo que supondrá un aumento en los costos de producción, que repercutirá en los consumidores. México revira e impondrá, en principio, aranceles a aceros planos, lámparas, piernas de puerco, embutidos, manzanas, quesos, arándanos y uvas, procedentes de Estados Unidos, por un valor equivalente.

Lo curioso es que, sin meternos en las (sin)razones del presidente estadunidense, la medida la lanza a los que, se supone, son sus vecinos y socios: Canadá y México, con los que buscaría, ya, acuerdos bilaterales, echando a la basura el TLCAN, que para él ha sido perjudicial para EU, en términos de inversión y empleo. Que le pregunte a sus corporaciones sobre sus ganancias. America first.

Es un nuevo episodio de una vieja discusión, que viene del siglo XVIII, entre proteccionismo y libre cambio. Una de las principales lecciones de la historia, es que las principales potencias –ayer, Inglaterra, hoy, Estados Unidos—, en su origen, fueron proteccionistas, a partir del desarrollo de su mercado interno, y que a partir de allí, se proyectaron a conquistar el mercado externo, hoy en su fase global. En cambio, nosotros vendemos avocados y compramos granos básicos.

Una de las características de la globalización, es el de ser, hoy, un proceso de producción integrado; más, tratándose de acuerdos o tratados regionales, en la que materias primas o insumos –en este caso, el aluminio y el acero—, junto a líneas de producción, corresponden a diferentes países. Proceso total que es coordinado por grandes corporaciones o empresas transnacionales (ET), cuyo fin es la maximizar sus ganancias, a través de reducir sus costos.

Su ubicación en países como México, no es gratuita. Con menores costos salariales y escamoteando las regulaciones ambientales, las ET se instalan aquí, dejándonos, eso sí, con el orgullo de que muchos productos y servicios posean el sello: made in Mexico (hecho en México). El grueso de las ganancias pasa de largo.

Con la globalización, la economía mexicana es ahora más dependiente y subordinada, pues “pasamos a ser una economía con menos condiciones internas de crecimiento y más vulnerables al comportamiento de las variables externas”, afirma Arturo Huerta. “Los acuerdos comerciales han ido acompañados de pérdida de soberanía ya que restringen los márgenes de maniobra del Estado sobre el desempeño de la economía. Con dichos tratados, la economía pasa a ser determinada por las decisiones fijadas por las empresas transnacionales” (El ocaso de la globalización. Facultad de Economía, UNAM. México. 2017).

La apuesta de crecer hacia fuera ha dejado como saldo un raquítico crecimiento de dos por ciento anual y una mayor desigualdad económica y exclusión social. Un signo de violencia o, como lo denomina Vivianne Forrester, horror económico.

 

Con seis sexenios de entreguismo en charola de plata, ¿habrá tiempo de recuperar algo de la dignidad perdida?

TLCAN 2.0: más allá del comercio

José Luis Avendaño C.

 

De acuerdo con lo previsto –a menos que diga otra cosa el imprevisible de la Casa Blanca—, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, en su versión actualizada o 2.0, estará listo para el mes de mayo.

Recordemos que una de las primeras decisiones del presidente Donald Trump fue la renegociar el TLCAN que tiene firmado Estados Unidos con Canadá y México, bajo el pretexto de que su país ha perdido inversiones y empleos, y que sus socios –México en particular— han sacado ventaja; es decir: se ha aprovechado de EU.

Este tratado arrancó el 1 de enero de 1994, y en ese entonces el presidente Carlos Salinas, dijo que los tres países ganarían, en especial, nuestro país, que sería de ligas mayores. Desde años atrás, se dieron pasos hacia la apertura económica, como la incorporación de México a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que agrupa a una treintena de economías más dinámicas, aunque en varios índices de desarrollo humano ocupamos los últimos lugares.  

Al paso del tiempo,  la economía mexicana ha crecido apenas dos por ciento anual (contra seis por ciento cada año entre 1940  y 1982), insuficiente para un desarrollo sostenido y autónomo. Pasamos del desarrollo estabilizador al estancamiento estabilizador, si se toma en cuenta el crecimiento de la población, y que afecta a los jóvenes, que tienen que salir, del campo a las ciudades y rumbo al norte.    

En su versión inicial, el TLCAN es parte de un modelo de crecimiento hacia fuera, en base a dos componentes: la inversión extranjera y las exportaciones, con el logotipo de  hecho en México;   productos y servicios (incluido el turismo) con el sello de las grandes empresas extranjeras asentadas aquí, en México, aprovechando los bajos costos de producción, ya sea salarios (de diez a uno, en promedio) o regulaciones ambientales. Es el caso, por ejemplo, de las empresas que fabrican automóviles, y que Trump quiere que se eleve el componente de Estados Unidos, es decir, que la mayoría de las autopartes se hayan hecho allá (en EU) por trabajadores estadunidenses. Todo ello, rompiendo las cadenas productivas internas para un desarrollo independiente.

El tratado trilateral es parte de un proyecto geopolítico que viene al finalizar la segunda Guerra Mundial (1939-1945), y que consolidó a México como parte de América del Norte –al que geográficamente pertenece—, aunque con ello lo distanciase del resto de América Latina, a la que lo unen lazos culturales, comenzando por la lengua, aunque el inglés sea más dominante. Así, la inversión y el comercio son apenas la punta del iceberg. El espacio privilegiado para lanzar este proyecto son los tres mil kilómetros de la frontera (sur de Estados Unidos/norte de México).

Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 fueron el pretexto para que se empataran la seguridad fronteriza, pieza clave de la seguridad nacional estadunidense, con el fenómeno ancestral de la migración, que de serpuramente económico se transformó en político, y que Trump quiere contener mediante la construcción de un muro, a partir del Complejo Militar Industrial.

Este CMI, rebautizado Complejo Militar Industrial de Seguridad e Inteligencia es el núcleo del llamado Gun Belt (Cinturón de las Industrias de Armamentos), que va del estado de Washington, en la frontera con Canadá, baja a California, en la costa oeste, y atraviesa Nuevo México y Arizona, y de ahí a Texas y Florida, y sube por la costa este hasta Nueva Inglaterra, de nuevo frontera con Canadá (California, Arizona y Texas hacen frontera con México, más Florida, de cara al Golfo de México). Del este lado, comprende los estados de Baja California, Chihuahua, Nuevo León y Tamaulipas (limítrofes con EU), y baja a Sonora, Coahuila, Zacatecas, Durango, Aguascalientes, Guanajuato y Querétaro, siguiendo la ruta del Camino Real de Tierra Adentro (siglo XVII), un corredor industrial, donde se ensamblan lo mismo automóviles que partes electrónicas y aeroespaciales, al igual que bienes de uso dual (militar/civil). 

Léase La frontera México-Estados Unidos. Espacio global para la expansión del capital transnacional (Instituto Nacional de Antropología e Historia. México. 2017), de Juan Manuel Sandoval Palacios, que presenta una exhaustiva investigación sobre la importancia geopolítica de la frontera México-Estados Unidos en esta etapa del capital, que integra y subordina a su frontera sur a los intereses globales.

Sandoval, integrante del Seminario Permanente de Estudios Chicanos y de Fronteras de la Dirección de Estudios de Antropología Social de la INAH, concluye que “la securitización de la migración y de las franjas fronterizas de Estados Unidos y México, es fundamental para el proceso de intensa acumulación transnacional de este espacio global.”

Al margen de lo resulte el TLCAN 2.0 (digital político), la cuestión laboral, es decir, migratorio, seguirá siendo la piedra en el zapato del Tío Sam, no obstante el aparatoso despliegue militar de contención.  

 

 

La Decena trágica, 105 años después
 
José Luis Avendaño C.
 
 
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Hoy se habla mucho de la intervención rusa en la próxima elección presidencial en México. Hasta aquí vino y nos lo advirtió nada menos que el secretario de Estado Rex Tillerson. Algo sabrá Estados Unidos cuando, después de un año de la propia elección de Donald Trump, todavía se discute sobre una probable mano negra rusa para que ganara el millonario inmobiliario, hasta entonces ajeno a la política de Washington.
 
No es de extrañar el injerencismo de las grandes potencias en los procesos electorales de otras naciones, buscando cuidar sus propios intereses. Esto fue más claro durante la Guerra Fría, entre la antigua Unión Soviética y Estados Unidos, con sus marcadas esferas de influencia. Y México, como vecino y socio comercial, con o sin guerra fría, es parte de la esfera de influencia estadunidense.
 
Esta condición de subordinación y dependencia, plasmada desde la Doctrina Monroe (1823), quedó formalizada con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte –México dejó de ser latinoamericana—, y más aún con la Iniciativa Mérida, con la que Estados Unidos extiende su frontera sur hasta el río Suchiate, a fin de contener in situ las oleadas migratorias.
 
México ha sido el país más intervenido por EU, antes por la ocupación de su territorio, recién independiente, por la  fuerza de las armas o por el poder de las inva…, de las inversiones. Por eso llama la atención que nos asustemos por la presencia de Rusia –aquí ya por el petróleo—, y no por la omnipresencia de Estados Unidos, que comienza por el lenguaje: donde dice Miami, pronunciamos mayami
 
 
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En estos días, conmemoramos los 105 años de la Decena Trágica (del 9 al 18 de febrero de 1913), diez días en que la ciudad de México fue el escenario de la conspiración, golpe de Estado o cuartelazo, que culminó con el asesinato del presidente Francisco I. Madero y del vicepresidente José María Pino Suárez, y la que la intervención de Estados Unidos fue determinante; concretamente, la del embajador Henry Lane Wilson, para quien “Madero era un loco, un fool, un lunatic, que podía y debía ser legalmente incapacitado para ejercer el cargo; esta situación de la capital es intolerable. ‘I will put order’, nos decía dando un golpe en la mesa”, según el testimonio del embajador español Bernardo J. de Cólogan.
 
“Ésta es la salvación de México. En lo adelante habrá paz, progreso y riqueza”, le diría Wilson, por otra parte, al embajador cubano Manuel Márquez Sterling. “Por una parte intereses estadounidenses, por otra el grupo de los Científicos, a quienes Madero sacó del gobierno. Éstos eran porfiristas que, bajo Díaz, administraban en gran estilo la extorsión y la explotación de la nación”, escribiría el embajador alemán Paul von Hintze. Todos ellos citados por Adolfo Gilly en Cada quien morirá por su lado. Una historia militar de la Decena Trágica (Ediciones Era. México. México. 2013).
 
El propio Adolfo Gilly adelanta una conclusión: “Vista de cerca la conspiración para tumbar a Madero –o las múltiples entrecruzadas en esos días, que todas juntas eran una sola— se asemejaba, como tantas otras que en el mundo han sido, a una farsa rocambolesca en la cual los civiles –intelectuales, políticos y metiches— creen desempeñar un gran papel, cuando los que en verdad deciden son los dueños de las armas y, detrás de ellos, los dueños del gran dinero.”
 
Y la opinión (no pedida) del diario The New York Times, el 15 de febrero de 1913, que al hablar del “alivio que da al gobierno de Estados Unidos el colapso del gobierno de Madero”, remata con el siguiente comentario: “La fuente del peligro no está en el pueblo mexicano, que parece mantenerse bastante indiferente, sino en las ambiciones temerarias de los dirigentes políticos rivales. En una tierra tal no hay Madero que pueda tener las riendas en rienda. México necesita un Porfirio Díaz…”
 
 
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Hoy, en México, ya no sería necesaria la intervención armada de Estados Unidos: sólo hace falta dominar un solo hombre: el presidente de la República, como lo dijo, en 1924, el ex secretario de Estado, Robert Lansing. Un presidente formado en las universidades estadunidenses, bajo sus valores; situación que se concretó al llegar la camada de cachorros de la Revolución al poder, encarnada con Carlos Salinas, secretario de Programación y Presupuesto con Miguel de la Madrid (1982), y con el que inauguró el ciclo neoliberal, que todavía campea entre nosotros.
 
Tenemos seis sexenios en que nuestros gobernantes se comportan más como administradores o gerentes de una empresa llamada Mexico Inc., que como estadistas de una nación soberana e independiente. Ajenos a los intereses del país y de la gran mayoría de la población, están más atentos y son obedientes a los dictados del gran capital. Son como estos jugadores de fútbol, con actitudes de vedettes en el terreno de juego, con sus playeras de marca tricolores, plagados de logos de las empresas que los patrocinan –lo mismo autos que papitas— y donde el escudo nacional se desdibuja o se pierde.
 
Así como los gobiernos miran con molestia a los entes autónomos que escudriñan sus acciones, de la misma manera, en plena globalización (cuyo signo distintivo es la acumulación por despojo), las potencias no soportan que alguien se rebele y anuncie su independencia del centro hegemónico, al tiempo que establece políticas de manejo soberano de sus recursos, que siempre están en la mira de las aves de rapiña que son las grandes corporaciones, sin bandera ni patria, que no sea el poder.

 

A trumpadas
 
José Luis Avendaño C.
 
A manera de introducción: en el lenguaje popular mexicano, pelear a trompadas significa golpearse a puñetazo limpio. Así, por su estilo en los negocios y de hacer política, Donald Trump, en el mundo del boxeo, podría ser considerado un fajador.
 
El 20 de enero, Trump cumplió un año de ser inquilino de la Casa Blanca, como presidente de Estados Unidos. Si su llegada se tachó de increíble, con (casi) todo en contra –después de todo, perdió el voto popular—, este su primero de cuatro años, estuvo lleno de acontecimientos. Ahora mismo, su administración opera “sin presupuesto”.
 
Desde entonces, han aparecido multitud de estudios y análisis, no sólo de su gestión, incluyendo la composición de su gabinete y los cambios que ha hecho, sino de su carácter y personalidad, que lo han hecho ser, ya, un animal político. Un magnate inmobiliario que incursionó en la pantalla chica, y que sabe el valor y uso  (valor de uso) de los medios y ahora de las redes sociales. Todos los días, lo primero que hace al levantarse, es enviar un mensaje por tweeter y, con ello,  marca la agenda política diaria.
 
México ha sido uno de sus blancos predilectos, acusándolo de la pérdida de empleos en EU, a través del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), donde los costos laborales son diez veces menores, y de inundar de drogas y migrantes indeseables su territorio. De ahí su necedad de levantar un muro a lo largo de su frontera sur, y que los mexicanos pagarán por él. En esta ofensiva se incluye su amenaza de expulsar a los dreamers (soñadores, en alusión al sueño americano), jóvenes, hijos de migrantes, muchos nacidos allá, que ya estudian y trabajan allá. Y amenaza con terminar con el TLCAN.
 
Desde hace tiempo, Trump es objeto de atención, pero más en su papel de bufón. Gerardo Reyes, periodista colombiano, cita a Howard Kurtz, crítico de The Washington Post, quien, desde 1993, se ocupó del empresario.
 
Al observar que “hay un cáncer que se está tragando el negocio del periodismo, el cáncer del tedio, de la superficialidad y de la irrelevancia”, en su libro Media Circus (El Circo de los Medios), Kurtz se refiere a Trump, a la vez que acusa a “la prensa (que) falló en descubrir que el reino mágico estaba construido en una montaña movediza de deudas”.
 
“Por lo menos durante 15 años, Trump gozó de una prensa lisonjera, dice Kutrz, que prefería averiguar los nombres de las modelos con las que salía en lugar de buscar el origen de su fortuna. The New York Times y otros grandes periódicos del país se embelesaron con las aventuras del joven que a los 30 años alardeaba de tener más de 200 millones de dólares”, afirma Gerardo Reyes en las primeras páginas de su libro Periodismo de Investigación (Editorial Trillas. México. 1996).
 
“Mientras las luces alumbraban a Trump, grandes fraudes se cocinaban en el gobierno. El saqueo del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD), ‘la dependencia que nadie cubrió’, el colapso de los bancos de ahorro y préstamo; la red del Irán-Contras, descubierta por un semanario libanés en 1986, fueron algunas de las estrepitosas defraudaciones públicas que la prensa estadounidense llegó a cubrir cuando casi todos los platos estaban rotos”, concluye Reyes.
 
No en balde, a lo largo de éste su primer año de administración, el presidente Trump se ha fabricado dos poderosos contrincantes: parte de la prensa y de las mujeres.  
 
Deseo de Año Nuevo
 
José Luis Avendaño C.
 
2018 es en México año electoral, por lo tanto de expectativas, por quien será no ya el mejor (¿no se solía decir: “que gane el mejor”?), sino el menos malo. En buen español, que no salga pior. Acostumbrados a que, como diría el clásico: que todo cambie, para que nada cambie. En todo caso, un poco de maquillaje y/o un tanto de resanada.
 
Ya se vio que la alternancia (2000-2012), luego del 81 años de ser monopolizado el gobierno por un solo partido, en nada cambió el recetario neoliberal, que resultó transexenal y que se acomoda a cualquiera que se siente en la silla presidencial, esa que Zapata rehusó sentarse cuando se la ofreció Villa, porque dijo que estaba embrujada.
 
El resultado es que, en las últimas décadas, no sólo hemos dejado de crecer como lo hacíamos anteriormente, sino que nos metimos en una espiral de violencia, con el pretexto de la guerra contra las drogas –mandato desde Washington—, a un elevado costo en vidas humanas. Entre el recuento, se encuentran el centenar de periodistas asesinados (y contando), por documentar, entre otras cosas, negocios y complicidades.
 
Al margen, o quizá no tan al margen, de la violencia y la inseguridad, debidas al crimen organizado, se halla esa otra violencia institucional, por la aplicación puntual de sus reformas estructurales, con las quiere apuntalarse la nave neoliberal –barquito de papel—, que hace agua por muchas partes. Se sabe que, frente a un naufragio, las primeras en salvarse son las ratas.
 
Ninguno de los (pre)candidatos ha sido tan radical, como Marichuy, vocera del Consejo Nacional Indígena, que habla contra el sistema, que sustenta dicho esquema. Todos, de alguna manera, incluyendo alianzas sui generis, se mueven dentro del sistema, y no ofrecen una real alternativa. Y es ésta la decepción en la nos encontramos envueltos.
 
Una característica de estos tiempos es cierto desencanto con la democracia. De norte a sur y de este a oeste. Un desencanto más con sus instituciones y las personas que las representan, que con los valores que la sustentan. Por eso es que el valor del voto es vigente. Es esto o la violencia revolucionaria.
 
Nadie duda que vivimos tiempos revueltos (no necesariamente revolucionarios), en el que nadie, o casi nadie, puede precisar lo que le espera al mundo y, en nuestro caso, a América Latina y México, en los próximos diez o veinte años. Los ejercicios de prospectiva se enfrentan al humor o capricho de un presidente –el del país vecino del norte— que se levanta cada mañana y lo primero que hace es tuitear, y en función del mensaje, así reacciona el mundo. México lo hace desde una posición de debilidad.
 
Hace ya 21 años, precisamente el 1 de octubre de 1986, en el documento no.1 de la Corriente Democrática del Partido Revolucionario Institucional (PRI), al cuestionar la política que se venía instrumentado desde diciembre de 1982 –que cruza sexenios y alternancias hasta hoy—, se hablaba de “orientar patrióticamente el cambio y cerrar el paso a actitudes entreguistas”.
 
Éste sigue siendo el fantasma que persigue al PRI, en el poder en México desde 1929, a pesar de la alternancia del Partido Acción Nacional (PAN), de 2000 a 2012, a través de la política económica neoliberal excluyente. Es tanto su desprestigio, que tuvo que echar mano de un candidato no priista, aunque, como secretario de Hacienda, instrumente las políticas avaladas por el PRI o, mejor dicho, dictadas desde fuer
 
Después de seis sexenios del recetario neoliberal, el deseo (y la acción desde abajo) es que el próximo que no sea un presidente tan servil y entreguista.